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Autor Marcelo Saavedra Osorio

Culturas Andinas

Dentro del espacio andino, una de las manifestaciones más interesantes de la sexualidad prehispánica, es aquella que nos brindan los ceramios de la cultura Mochica. En cuanto al carácter y propósito de los ceramios con expresiones eróticas podríamos llegar a comprenderlas en relación al cuadro de Beltrán, Rodríguez y Rosales Mendoza descrito más arriba, en la medida que vamos entendiendo que los símbolos y valores de los pueblos pre-colombinos en la dimensión que ellos tenían para las culturas andinas y las doctrinas hispánicas, que la relacionaron con manifestaciones sexuales de pecado y condenación.

Las manifestaciones eróticas que están representadas en la cerámica preínca parecen haberse perfeccionado en la época clásica de la cultura moche, llegando a un refinamiento en los ceramios sexuales, que llega a una expresión de máximo apogeo. Esparza (2005) Nos refiere al interpretar el contenido simbólico o representativo de los cerámicos arqueológicos en los que podemos ver: besos, caricias, representación de genitales, prácticas sexuales urogenitales. Ello nos indica la variada práctica sexual de los antiguos peruanos. En ellos existen evidencias de carácter mistico religioso.

La cultura moche en el horizonte cultural prehispánico, es la que más destaca por sus representaciones eróticas. Los “huacos eróticos” son la herencia de los hábiles mochicas, cuyos ceramios manifiestan la genitalidad humana, el coito en diversas posiciones.

La cultura mochica también conocida como Moche ocupó el mismo territorio que siete siglos después dominó el imperio Inca, sus ceramios reflejaron el alto nivel que expresó su cosmovisión. Plantas, animales y escenas de la vida diaria que dan cuenta de su mundo: la sexualidad.

Según Federico Kauffman Doig (1993) La sexualidad era comprendida no solo como la unión carnal entre un hombre y una mujer, sino más bien como la representación de la fertilidad de la tierra que los cobija. De este modo, la lluvia que riega el suelo para dar fruto y la semilla entregada por el hombre y fecundada por la mujer, corroboran el ciclo de la vida y su dualidad sexual.

Los Incas

La cultura inca del Perú fue el Tahuantinsuyo, que entre 1438 y 1525 se caracterizó por una ocupación territorial de más de 1.500.000 Km2, que se extendía desde el río Ancasmayo, en Colombia y el Maule en Chile, a la que la civilización Inca incorporó más de 100 etnias, señoríos o naciones. Es así como el Tahuantinsuyo se identificó principalmente por su organización administrativa, fundamentada en la planificación de todas las esferas de su vida; comunicación, tributación, agrupación decimal, sumado a la religión y lengua las que tuvieron una especial relevancia, en la búsqueda de la unidad del imperio.

El Estado Inca, arbitraba directamente todas las relaciones sociales. La unión conyugal era consentida y regulada por el Estado. Es así, como la unión entre familiares directos era un prerrogativa de los nobles. Los Incas cohabitaban con sus hermanas a fin conservar los privilegios de la casta. Mientras que los señores podían ser polígamos, la monogamia era la regla entre el común del pueblo.

La conducta sexual en la cultura inca, podríamos analizarla desde la perspectiva de la virginidad de la mujer andina. Sara Castro (1996) nos refiere lo que en el siglo XVI el padre Joseph de Acosta, escribía: «Existe también entre los indios un abuso común, que debe desaparecer inmediatamente, y es que las mujeres no cuidan su virginidad ante nupcias que es respetada y honrada por todas las naciones del mundo; antes bien consideran a ésta como una afrenta, y se consideran desgraciadas si nadie no les ha arrebatado».

El tema del desprecio de la virginidad en la sociedad prehispánica va desde el desfloramiento ritual y público, hasta su protección reglamentada impuesta por los Incas. El desprecio de la virginidad, tuvo, sin embargo, durante el Estado Inca, un valor nacional. La virginidad está en el sistema de valores de los individuos vinculados por una «coincidencia colectiva » y aparece claramente definido en el acllahuasi (Casa de las Escogidas) y el sacrificio de vírgenes, instituciones que respondían evidentemente a este carácter de valor nacional, que afectaba el prestigio de toda la cultura.

El servinacuy o matrimonio a prueba, es la primera etapa de esta convención social, que debe tener remotos antecedentes en la lengua indígena actual, se denomina sirvinacuy o tincunacuspa, y en el Cusco rimayucuy o munacuy; y consiste en que un hombre y una mujer pueden convivir libremente -algunas veces después de una declaración ante los padres- sin formalizar su unión ante un representante público. Esta prueba dura un tiempo determinado y al finalizar queda formalizada por el Estado Inca y aunque aun se práctica ella queda aceptada, a través del matrimonio católico. Si la prueba no ha sido satisfactoria devuélvase la mujer con los hijos, si los hubo a la casa de los padres.

Por otro lado, el uso de estimulantes sexuales, sustancias que excitan y aumentan el instinto y el placer sexual, tampoco fueron desconocidas en el antiguo Perú, y particularmente entre la nobleza y sacerdocio inca. Chotarpo (Jatropha macrantha, Mull) y huanarpo (Jatrohopa basiacantha, Par y Horffman), se usaron con cierta liberalidad para conseguir la excitación sexual:

El chutarpo era la planta macho y «sirve para adaptarse a la fornicación». Mientras que el guanarpo servía «para lo contrario». Tampoco puede dejar de mencionarse, el uso de los khochga o guacanqui, destinados a traer la buena suerte, proteger al ganado o traer la muerte. Particularmente cabe señalar un amuleto fabricado en alabastro, que aún supervive entre la población indígena del sur del Perú y Bolivia, que se denomina jatachicu, monolito, atasi jatachicu, warmimunachi o cuya cuya, que consiste en un hombre y una mujer unidos en acto sexual, y cuyo objeto es obtener el amor de la persona deseada.

Exitieron otras muchas características, en la sexualidad andina, como la referidas a la prostitución, dos de los más importantes cronistas, Blas Valera y Garcilaso Inca de la Vega, defensores de las instituciones y costumbres Inca, nos transmiten la más completa y detallada información sobre este trato sexual anónimo permitido por los soberanos del Tahuantinsuyu: «Permitía (el Inca) que en semejantes juntas de borracheras y bebidas viniesen las mujeres rameras ó solteras que no fuesen vírgenes ni viudas, o las mancebas ó las mujeres legítimas de cada uno, y en casas o escondrijos, que por allí había muchos, cometiesen sus fornicaciones y torpezas, porque cesasen los incestos, los adulterios y estupros y nefandos».

La sexualidad mapuche

Kurretu es aquella designación que utiliza un mapuche para citar al acto sexual o coito y significa “”toda aquella acción circular y recíproca que se hace con la kure o esposa”. Para esta etnia la sexualidad formaba parte de su cosmovisión, considerado como un suceso trascendente, era el contacto con la divinidad.

La cultura tradicional mapuche, poseía ritos como “curenquenuel” (nubilidad femenina) que trazaba ritualmente la posición femenina en la ceremonia, comprendido el sacrificio de los animales, estaba a cargo de las mujeres, en tanto los hombres tenían una participación secundaria. Esto se acompñaba de una manifiesta libertad sexual femenina y de una poliginia limitada al sororato ( se entregaban en matrimonio o trueque dos hermanas para hacerse compañía) Estos aspectos, además de la filiación matrilineal, hicieron que Latcham erróneamente la expusiera como “matriarcado” al confundir entre sistema de filiación y sistema de gobierno.

Las investigaciones sobre la sexualidad mapuche nos indican, que la iniciación sexual de este pueblo, comenzaba a edad temprana entre los 12 y 13 años, sin embargo el compromiso espiritual y la vida en comunión que hoy conocemos como matrimonio solo se iniciaba años más tarde tras alcanzar la madurez sexual a los 20 años. El sociólogo de la Universidad Central, Rodrigo Larraín señala “la virginidad de la mujer mapuche no era un tema relevante en absoluto” Con respecto a la poligamia ella era ejercida por los hombres, aunque esto dependía de sus capacidades económicas, algunos solo tenían una esposa, en tanto otros tenían múltiples.

Ziley Mora (2006) Explica distintas etapas de la cosmovisión mapuche y como cada evento de sus vidas está vinculado a una ceremonia. Es así, cuando las niñas comienzan con su primera menstruación se denomina ulchatum (ulcha, diosa mujer joven, una de las cuatro deidades mapuche), el rito indica que la madre y abuela conducen a la niña a una casa de piedra, la madre le dará una manta simbolizando su transformación corporal a mujer, en tanto la abuela transmitirá sus saberes ancestrales para su vida como mujer.

El autor nos refiere en su obra que la sexualidad sea pensada como una experiencia espiritual, una fuerza sagrada. “Por eso, la partícula lingüística clave para comprender el concepto de “sexo” o de “sexualidad” es el prefijo ku, que en mapudungun significa concavidad, canal fecundo, canalización de energía y está presente en palabras como kuram (huevo), kutri (vagina) o kudañ (testículo)” (Mora, 2006)

El autor reflexiona sobre el amor o ayún y que no está ajena a este juicio, dado que contiene tres elementos primordiales en su raíz. Representa “belleza”, algo así como una luz especial, y transparencia, palabra que surge desde la matriz “aywon” o “ayon” que expresa “luz que mira” es decir el amor significaría una especie de clarividencia lúcida. Es así como el sexo deviene en una fuerza vigorosa, creadora que envuelve a todas las facultades humanas. A la llegada de los conquistadores y su hegemonía militar y religiosa, los indígenas hubieron de doblar la rodilla a muchas de sus ideas del buen conportamiento sexual, decoro y pecado para sortear la coacción, mezclándose y reduciendo la trasmisión de sus creencias a las nuevas generaciones frente a la sociedad dominante, nos refiere Mora.

Sexualidad Rapa Nui

La cultura Rapa Nui, y la isla han avasallado al imaginario. Por el otro, aparece como isla antropógena (en términos de Sloterdijk 2009) que al ser construida humanamente y gracias a su aislamiento, la relación que se establece con ella se nutre de fantasía, de extrañeza y de dominio.

Por otro lado, El territorio habitado por los rapanui es denominado kainga, que significa útero o matriz. Como explica Virginia Haoa (1993) El territorio de cada tribu tiene que ver también con el territorio en el útero materno y tiene un significado muy similar. Cada tribu se alimenta de su territorio, o sea tiene su tierra, tiene su mar y viven de lo que les da el territorio y el mar. “Es lo que pasa con la mujer que engendra el hijo, que se alimenta de lo que pasa a través de el útero materno, de su territorio. Es el territorio de la vida que se engendra ahí” (Haoa, 1993)

La sexualidad pascuence fue tratada por algunos antropólogos de forma errónea como es el caso del trabajo de Margaret Mead, en Adolescencia y Culturas en Samoa publicado en 1928, asignando al resto de las culturas polinésicas el mismo juicio mitificando las culturas a partir de un estudio que solo consideró las referencias de dos niñas samoanas, sobre la sensualidad como señala Collyer (2010) exaltó a partir de dicho relato, la libertad sexual en Samoa obviando sus inhibiciones y tabúes, como aquel de la virginidad a partir del trabajo de Mead que fue considerado como un tratado serio.

Lo cierto que Collyer indica con claridad que en la isla de Pascua, la cópula solía ocurrir al aire libre, lo que era y es bien aceptado hasta el día de hoy. Las relaciones entre las parejas cuyos enlaces eran eróticos-amorosos bastaba solo con la anuencia mutua para que ella quedara refrendada y ritualizada en una cena colectiva, unión que se disolvía ante la aparición del menor conflicto, resultando ambos libres para tomar nuevamente estado. Como lo señala el naturalista Rodolfo Phillipe en su investigación “La Isla de Pascua i sus habitantes” publicado en 1873. Además nos dice “En esa vena, la bigamia y poligamia solían ser un honor ates que un motivo de reproche para los varones, pero la escasez de mujeres hacia de esta práctica algo infrecuente” Philipi además nos indica que los viudos y viudas no tardaban nuevamente en hallar pareja, esto probablemente se debía al instinto de supervivencia.

Según Collyer, la homosexualidad entre hombres tenía un status de legitimidad, la que estaba relacionada con las actividades artesanales y artísticas, en el trenzado de cañas, tallas de piedra, los juegos manuales de hilos, que son comunes entre los habitantes de la isla. Un elemento interesante para el autor, es la forma en que eran tratados los mellizos y gemelos y hasta discapacitados, se les consideraba como sujetos con un sello diferente, indeterminado en su naturaleza, vagamente sugestivo de una carencia. Los gemelos originaban fantasías pecaminosas basadas en la fase prenatal, se les presumía ua relación incestuosa en la vida intrauterina y precedente al nacimiento lo que era razón de recelo para la comunidad. Por ello en opinión de Collyer esto sugiere “…una renuencia arcaica ante el incesto, considerado en un sentido amplio” (Collyer, 2010)

Las festividades cíclicas de Orongo y Mataveri, de la Paína y los Areauti, o el rito anual de Tangata-Manu en que tanto hombres como mujeres nadaban hasta los riscos aledaños intentando hacerse del huevo que “el hombre pájaro” ponía allí y que ellos traían al retorno para brindarlo al líder eventual de la comunidad, estos ceremoniales poseían una fuerte carga de frenesí colectivo y ambiente dionisíaco expresados en sus danzas de características suave y ondulantes para dar paso a gestos provocativos de hombre y mujeres en destemplados movimientos pélvicos y coitales las que refrendan su propia sexualidad. Como las culturas originarias de América la pascuence sería analizada bajo la misma anteojera de los europeos al asignarles una interpretación prostibularia o de lascivia a las ofrendas sexuales a los visitantes, a traves de sus dioses arcaicos como Make – Make como el Dios que engendra al universo a través del contacto sexual, cuyo principio masturbatorio como lo señala Collyer se disemina la semilla al aire dando origen a los pájaros, para fecundar las aguas y crear a los peces, para más tarde fecundar la piedra embebida en un polvillo rojo introduciendo en un hueco su falo divino, para dar origen al hombre quien acompañará a su creador. La mujer llegará de la costilla en el sueño de Make- Make, aunque esto último ya sugiere influencia del mito cristiano.

James Frazer (1993) refiere en su obra La Rama Dorada, la forma originaria de ritualismo con que homenejeaban a los dioses a través del desenfreno orgíastico Frazer cita como estas ofrendas sexuales, poseian un profundo contenido místico y generatriz:

“…el libertinaje que notoriamente se deba en estas ceremonias fue, en algún tiempo, no un exceso accidental sino una parte esencial de los ritos y que, en opinión de los que lo hacían entonces no sería fértil el casamiento de los árboles y las plantas sin la unión verdadera de los sexos humanos” (Frazer, 1993)

Sexualidad Selk´nam

Finalmente, nos referiremos a los Onas o Selk´nam, pero no se hará desde la perspectiva de su sexualidad en el contexto histórico pre-europeo, sino más bien a partir la presencia de estos últimos.

El archipiélago fueguino, era el territorio de las sociedades indígenas Selk´nam, quienes eran cazadores-recolectores con movilidad pedestre que residió el norte de la Isla Grande, los Yámana-Yahgan y Alakaluf-Kaweskar, estos últimos cazadores-recolectores-pescadores con movilidad canoera que vivieron desde el sur de la Isla Grandes de Tierra del Fuego hasta el Cabo de Hornos y el suroeste del archipélago fueguino.

Abordar las existencias de los Selk´nam supone una sensación aflictiva antropológicamente ante la pérdida irreparable de esta cultura, como también fueron las persecuciones que tuvieron lugar en contra de los pueblos alacalufes y yaganes, reducidos como raza hasta sus extinciones. Hablar de su sexualidad supone el uso de fuentes limitadas por el contacto tardio, pese a que su ocupación territorial Karunkinká como denominaban a su zona de influencia cultural, puede datarse en las tierras australes de América del Sur aproximadamente en 10.000 años a.c.

Si soslayamos a modo de información al respecto de las iniciaciones sexuales Selk´nam podríamos decir según Gusinde (1982) dentro de su fuerte configuración patriarcal que las relaciones amorosas fueguinas en esta cultura, se manifestaban mediante el Hain, ritual colectivo de bailes eróticos y cuerpos pintados. esta ceremonia de iniciación también daba cuenta como el hombre engañó a la mujer, para justificar a través del miedo su primacía patriarcal. Previo a esta ceremonia tanto niñas como niños se mantenían separados, hasta que las niñas tuvieran su primera menarquia, lo que claramente significada el paso a la madurez sexual. En tanto, los varones alcanzarían su adolescencia entre los 17 y 18 años.

La ceremonia de emparejamiento, se daba dentro de ciertos requisitos ritualistas. Como señala el religioso y etnólogo Gusinde, los jóvenes que llegaban a esta ceremonia no debían tener ningún parentesco con la joven, esta forma de asegurar que no hubieran uniones endogámicas tenía como propósito la “ventilación” de los genes, en una comunidad reducida de sujetos. Pese a los anterior, también los matrimonios podían ser asimétricos en edad, hombres mayores se casaban con mujeres jóvenes y hombres jóvenes con mujeres mayores. La cultura selk´nam no era ajena a los conflictos por la posesión de ellas lo que les llevó a crímenes enfrentando a los hombres por las que había disponibles o por celos. Esto puede explicarse aunque no lo dice directamente Gusinde por la ocupación y colonización de sus ancestrales territorios, sumado a las enfermedades introducidas por el hombre blanco y la disminución de la población y la preservación de la comunidad.

Derechos Reservados. Marcelo Saavedra Osorio. 2016.