Marcelo Antonio Saavedra Osorio. Escritor, historiador y Lic. en Trabajo Social

 

Introducción

Por Marcelo Antonio Saavedra Osorio

La investigación bibliográfica relacionada con la información acerca de la Sexualidad de los pueblos  prehispánicos, se ha convertido en este estudio en una aproximación al desarrollo del conocimiento antropológico sobre las culturas Nahual, Andinas, Mapuche y Rapa Nui y Selk´nam, desde mediados del siglo XIV – XIX. No se abordan las transformaciones económicas sino aquellas sociales y culturales en torno a la sexualidad que han experimentado estas culturas y los conocimientos generados sobre estos pueblos, a la luz de la interpretación de los distintos investigadores pero fundamentalmente a la exégesis de los códices y relatos de trasmisión oral en la evolución e interpretación del fenómeno cultural de la sexualidad, considerando que un importante cúmulo de los datos obtenidos han sido transcritos por los primeros evangelizadores y su particular visión dogmática sin considerar la importancia de la cosmovisión de los pueblos prehispánicos.

Es evidente, que los conquistadores no repararon que el continente americano acogía una inmensa variedad de culturas indígenas en las que residía un concepto primordial de la moral y de la sexualidad, ligada fundamentalmente a sus espiritualidades. Estas dos nociones poseían para la cosmovisión indígena un acervo cultural cuya significación era más explícita que aquella europea. Como señala Krumbach (1996)  La información sobre América cambió de estilo cuando los misioneros prohibieron la escasa vestimenta tradicional de los naturales como “indigna”, desde el punto de vista cristiano y se ordenó sustituirla por ropa más “decente”.  Krumbach refiere que la mujer indígena desnuda representaba el ídolo de la reproducción y era idéntica con el acto mítico de la creación. Daba nueva vida a la comunidad y aseguraba la subsistencia del pueblo respectivo. Este concepto fundamental y elemental no se perdió hasta que las relaciones íntimas del conquistador blanco con la mujer indígena influenciaran la sociedad indígena.

Al mismo tiempo se quemaron y se destruyeron objetos del culto religioso indígena, y códices escritos en los que había valiosa información de lo cotidiano particularmente de los pueblos mayas y mexicas, también se prohibieron fiestas, danzas y cantos. Los últimos se prohibieron por razones de la moral y de la decencia por causa del hecho de que en ellos participaban personas desnudas. Los españoles no se dieron cuenta de que los ritos religiosos se ejercían desnudos,  porque la desnudez era entendida por los indígenas como símbolo de semejanza a los dioses o emanación divina, como pureza ante una deidad. En los ritos de fertilidad hombres y mujeres se presentaban por parejas también desnudos o escasamente vestidos. Es a partir de aquí donde surge el problema de investigación, a la luz de las interpretaciones que le dieron los conquistadores, a la sexualidad indígena. En efecto, al destruir un significativo número de tratados de las grandes culturas por ejemplo en México se perdieron elementos formativos y sociales de la vida cotidiana de esas culturas, quedando ellos sujetos solo a la interpretación cristiana.

Hoy existe un gran esfuerzo de las disciplinas científicas por reconstruir esos significados culturales, que permitan acceder a un profundo cúmulo de saberes perdidos.

En el imaginario de los conquistadores que llegaron al nuevo mundo, lo hacían  con la predisposición por encontrar las más variadas y exóticas realidades, la mayoría asombrosas que poblaban los nuevos territorios, ello en la afiebrada ficción construida con antelación, significó que los territorios que estaban ante ellos, contenían riquezas inmensurables en las que habitaban seres fantásticos de prácticas sexuales apostatas, paganas y contra natura.

Es así como se hablaba de seres hermafroditas que poblaban algunas islas, de hombres de falos colosales, hombres que caminaban de cabeza, gigantes sodomitas, hombres con el rostro en su pecho. Toda una zoología inquietante, que hacía aún más ávida la curiosidad de los conquistadores.

Lo cierto es que las concepciones culturales y religiosas serán definitivamente las que se impondrán desde un arquetipo sagrado, trasladando esto a la cultura convirtiéndola en patrón de vida para las personas, sea beneficiando o reprimiendo aquello que la deidad aprecia o niega. El hispano durante la ocupación siempre mantuvo una mirada desaprobadora hacia la sexualidad de los pueblos conquistados, a través de los laicos y religiosos, quienes salvaguardaron en todo momento la no práctica de la sexualidad del ser supremo. Considerando por siglos, aberrantes las prácticas sexuales, ritos y costumbres de los pueblos conquistados. Con ello se eliminaron riquísimas fuentes, que podrían hacernos comprender mejor las prácticas sexuales de los pueblos originarios. Y que hoy llegan en forma sesgada hasta nosotros de manos de la ciencia antropológica, etnográfica y arqueológica.

Intentar dar una mirada crítica a las prácticas sexuales prehispánicas, supone un interesante desafío para una exposición breve, sin embargo se intentará bosquejar una noción de esa realidad previa y posterior a la conquista.

Los  pueblos prehispánicos en Mesoamérica, consentían la poligamia, la sodomía y hasta la pedofilia, aunque sancionaban con la mutilación o la muerte el adulterio y otras transgresiones según el arqueólogo Enrique Vela, (2014) un pasaje de la Historia General de las cosas de Nueva España, de Fray Bernardino de Sahagún, acumuló nutridos testimonios en torno a la sexualidad entre las sociedades prehispánicas. Uno de ellos refiere sobre el enamoramiento de una princesa tolteca atraída por un vendedor de chiles de la huasteca, cuyos pobladores mostraban propensión a la liberalidad sexual y a la desnudez, en ese relato la hija del señor de los Toltecas estaba en el mercado “y vio al dicho tohueyo (vendedor) desnudo y el miembro genital. Y después de lo haber visto, la dicha hija entrose en palacio y antójesele el miembro de aquel tohueyo, de que luego comenzó a estar muy mala por el amor de aquello que vio” Sahagún cuenta que el padre ordenó buscar y traer al vendedor al que obligó a “sanar” sexualmente a la hija y a casarse con ella.

Otra historia citada por Fernando de Alva Ixtlixochitl (historiador novohispano, descendiente en línea directa, de la casa gobernante en el señorío acolhua de Texcoco, 1648) y que recoge Hoyo, E. D. (1957) es la de una princesa mexica hija de Axayacatl, que fue entregada a Nezahuallpilli, tlatoani de Texcoco e hijo del legendario Nezahualcoyotl.

Esta princesa, cuenta De Alva, comenzó a ordenar en secreto que buscasen “cualquier mancebo galán y gentil hombre acomodado a su gusto y afición para que se aprovechase de ella y, habiendo cumplido su deseo, lo hacía matar y luego mandaba hacer una estatua de su figura o retrato”, que colgaba en una sala.

En una ocasión el rey descubrió a la joven en un encuentro amoroso con tres de sus galanes y ordenó matar a la princesa, a sus enamorados y a todos los sirvientes que participaron en esos hechos.

Una de las prácticas prehispánicas fue la homosexualidad, que fue recogida en numerosos testimonios de los misioneros y en las mismas Cartas de Relación de Hernán Cortés, quien escribió: “hemos sabido y sido informados de cierto que todos son sodomitas y usan aquel abominable pecado” que consideraban “nefando contra natura”. Sobre esta particular visión de los conquistadores, es razonable detenerse para analizar esta noción de nefando.

En efecto, la descripción relativa a la homosexualidad en la cultura mexica precedente a la llegada española es distinta a la del pecado nefando.

La descripción sobre la homosexualidad en el mundo mexica prehispánico tiene diferentes aristas. De acuerdo con el historiador Guilhem Olivier, por un lado, los testimonios recopilados por los frailes muestran reacciones de asco y rechazo hacia las prácticas homoeróticas, así como cierta condena al hecho. Esto es visible en la última parte de la descripción del “cuiloni”, en lengua náhuatl, cuiloni era el equivalente a “puto” en el México prehispánico, pero no solo se trataba de un insulto, también funcionaba como denuncia y alerta, ya que si un ciudadano mexica descubría a dos hombres dándose cariño, tenía la obligación de gritar ¡CUILONI! ¡CUILONI! De esta forma los amantes en cuestión eran detenidos y llevados ante las autoridades para recibir su castigo. El amante pasivo (el penetrado), era asesinado y al activo (el que penetra), lo golpeaban y humillaban públicamente. De hecho, el término cuiloni era tan machista, que solo aplicaba para los mexicas pasivos. De esta definición que también fue elaborada por Sahagún, en la cual menciona: “Se hace pasar por mujer. Merece ser quemado, merece ser puesto en el fuego”. En (Olivier, 2004). Homosexualidad y prostitución entre los nahuas y otros pueblos del pos-clásico. Historia de la vida cotidiana en México, 1, 301-38. Al sugerirse una sanción a la conducta, los frailes, asegura Olivier, elogian de alguna manera la moral prehispánica al asegurar en sus relatos que cada vez que se descubre un acto de sodomía, es castigado.

La visión de los soldados es que en los pueblos mesoamericanos, existía una permisividad social de la homosexualidad y dichos actos van muy de la mano de las ceremonias rituales donde había antropofagia, como se lo describe Hernán Cortés al rey Carlos I de España en sus cartas: “…aun allende de lo que hemos hecho relación a Vuestras Majestades de los niños y hombres y mujeres que matan y ofrecen en sus sacrificios, hemos sabido y sido informados de cierto que todos son sodomitas y usan aquel abominable pecado”. (Oliver, 1992)

En ambos casos, los conquistadores como religiosos transcriben los términos indígenas para nombrar a las personas homosexuales como sodomitas, en franca alusión al pasaje bíblico de Sodoma y Gomorra, cuyo contenido evoca el castigo de Dios hacia los habitantes de la ciudad de Sodoma por la intención de haber “conocido” (término con el que se sobreentiende “hacer suyo”) a un par de ángeles varones.

En las palabras “pecado nefando” hacían alusión a la gravedad de la falta desde la perspectiva cristiana, debido a que las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo trasgredían la naturaleza de las relaciones, si se tomaba en cuenta que la pareja humana primigenia, había sido la de Adán y Eva.

Si tomásemos en cuenta que los clérigos y soldados que procedían de diversos reinos de España, estaban fundados en el contexto punitivo hacia todo lo que fuera impropio a la moral y costumbres de los fieles cristianos, la visión con que se ha fundado en relación a la homosexualidad en el mundo mexica previo a la conquista, está fundada en esa visión de pecado y reprensión de las relaciones entre hombres o entre mujeres.

Tal vez a partir de nuevas interpretaciones críticas tanto de códices, crónicas y documentos elaborados en los primeros decenios del siglo XVI, que no consideren los prejuicios registrados, y que analicen sin el sesgo religioso los conocimientos de las culturas prehispánicas, podría dar a lugar el surgimiento de nuevo cuerpo fundado de saberes sobre el tema y a partir de allí comenzar a reconstruir la historia de las variedades sexuales en México.

Quezada (1996) Refiere que entre los grupos mexicas se diferenciaba al homosexual activo del pasivo. Mientras que el activo seguía personificando su rol genérico masculino, el pasivo, al ser penetrado en el acto sexual, transgredía su rol de hombre y se feminizaba.

Por este motivo, al pasivo le sacaban las entrañas y le prendían fuego, en tanto que al activo lo enterraban con ceniza y ahí moría, como ha sido descrito precedentemente.

Como refiere Austin (1993) El adulterio era uno de las más importantes transgresiones y que entre los cronistas existen numerosas referencias a la pena de muerte por adulterio, aunque también se dejaba en ocasiones que el castigo lo aplicara el mismo marido, quien arrancaba a mordiscos la nariz a su esposa y al amante.

Sobre la prostitución, entre los mexicas fue ambivalente, pues por un lado la prostituta era estigmatizada y repudiada socialmente, pero por otro su actividad era tolerada, pues no había penas judiciales contra ella.

Según Castellanos, (1980) cuando Colón arriba a la isla de Cuba en octubre de 1492,  halló una sociedad en la que dominaban relaciones humanas fundadas en una especie de “comunismo primitivo” Vincent (1998) Refiere los procesos particulares de emergencia de formaciones tributarias “primarias” sin la existencia de la propiedad privada, clases sociales ni explotación. La sociedad se caracterizaba por un régimen matriarcal, por tanto la mujer desempeñaba un rol y posición muy apreciado por la comunidad, dedicándose tanto a la agricultura como a las labores domésticas, en tanto los hombre cazaban y pescaban. En consecuencia, su trabajo tenía una alta estimación ya que proporcionaba el sustento alimenticio de la comunidad,  para Jimenez (2004) en la obra de Fernando Oviedo “Sumario de la naturaleza histórica de los indios” refiere que: “Los autóctonos cubanos, tenían sus propias normas morales surgidas espontáneamente, entre ellas que el incesto era prohibido y los hombres tenían mujeres propias, no estableciendo relaciones sexuales con sus hijos, hermanas, ni madre”.

Esta concepción equilibrada de orden social, será brutalmente escindida con la llegada de los españoles y la instalación de la esclavitud en Cuba.  (Continua)

Derechos Reservados. Marcelo Saavedra Osorio 2016.