Cuando finalmente se apeo en el servicentro, sintió una gran satisfacción como si de pronto todo el cansancio acumulado hubiese desaparecido, precedido por una sensación placentera, por un extraño déjà vu pudo intuir la cercanía de un presentimiento que no acababa por entender, salió presuroso del auto y antes de abrir la inmensa puerta de vidrio, pudo ver el reflejo macilento de su rostro en el, inhaló con todas sus fuerzas el aire rural y se dispuso con total tranquilidad a tomarse algo de tiempo antes de continuar su ruta, al entrar pudo ver algunos pocos adormilados rostros, buscó una mesa distante de la barra, no tenía interés por entablar conversación alguna, al tiempo que una mujer con ademán de hastío, se dispuso a tomar su pedido, le sonrió ampliamente a pesar de la total indiferencia de ella, sonrió burlonamente al pensar que la atención al cliente en ese lugar era un mero trámite, pidió un café con vainilla, eso sí el más grande y un sandwich de jamón con queso caliente, la mujer rápidamente desapareció mientras él susurraba

─ ¡El gusto es mío! -y echó a reír sibilinamente, después de todo Fran se consideraba un hombre impenitentemente sarcástico, lo que en más de una ocasión el abuso de lo que parecía ser su propio encanto, le había traído más de algún contratiempo, a pesar de ello sabía que su ironía no podía ser del todo gusto de algunas, lanzando una ápera mirada a la mesera, pero rápidamente recapacitó que aun así tenía cierto éxito con ellas, precipitadamente desecho esta introversión que comenzaba a transformarse en odiosa, se dijo para sí, que la lógica en el juicio a priori jamás conduce a una reflexión sensata. Fran se sentía satisfecho de haber escapado de la ciudad evitando así a las amistades, pues no deseaba contrariedades y este inesperado viaje le ahorraba su tendencia permanente a no contestar el teléfono, o aceptar visitas que no deseaba en casa, Fran era consciente de sus periodos de aislamiento que generalmente eran urgentes en algunas ocasiones, marcadas indefectiblemente por sus largas jornadas exentas de sueño, esta vez buscaba el asomo de su propia soledad, el estar con uno mismo a veces reporta grandes ganancias pensó, tomó una nueva bocanada de aire y exhalo ruidosamente, convino que por fin podría darse ese merecido tiempo, ya que para él las últimas semanas habían sido aplastantes, esbozó una sincera sonrisa y comprendió que desde el lanzamiento de su libro, no había tenido tiempo para reflexionarlo, su gran y maravilloso libro, aunque esto último lo caviló con esa cáustica y punzante burla. Siempre el primer libro es el mejor por las expectativas que genera y los sueños previos, que desaparecen una vez impreso, allí el encantamiento se acaba para dar paso a la dura autocrítica, a pesar de cierto paternalismo que solo el orgullo puede dispensar, después de todo se dijo, no cualquiera tiene la posibilidad de escribir un libro y al primero siempre se le excusan los errores, como a un niño torpe dando sus primeras zancadas, pero él no, definitivamente sentía que los años de investigaciones, las tediosas entrevistas, luego las charlas y las interminables tertulias en los gigantescos y fríos salones que los grandes ventanales de medio punto, apenas alcanzaban para llenar de luz a la vetusta Biblioteca Nacional, no eran razón suficiente para ese glorioso delirio que siempre acomete al escritor, al tiempo que juzgó innecesario una vez más pensar en ello, siempre terminaba por desechar lo que le disgustaba. Echó un rápido vistazo a las otras mesas como si se tratase de un inventario, reparo en un hombre gordo leyendo algún diario de la tarde, luego una pareja cerca de los ventanales quienes le dieron la impresión de sostener una tímida y ahogada discusión, lo suficiente para no llamar la atención de los escasos parroquianos, reparó que la mujer era más joven que su acompañante quien parecía triplicarle en edad, la joven tenía una mirada perpleja instalada en sus ojos, para Fran no eran más que dos amantes discutiendo su infidelidad, hasta cuando ella exclamó atenuado en un murmullo de descontento