Marcelo Antonio Saavedra Osorio. Escritor e historiador chileno

Doy la bienvenida a mi estimado maestro y amigo Marcelo Antonio Saavedra Osorio, escritor, poeta e historiador chileno. Como editora de Factor Feliz siento un profundo cariño por Marcelo también llamado por mi “el príncipe de las letras”. Ustedes al deleitarse con dos de sus poesías y una maravillosa historia de amor que se  titula; “Anatomía del tiempo”, llegarán a ésta conclusión también cuando se percaten de lo especial de su estilo que es en verdad sublime. Lo describiré como exuberante y de una bella esteticidad, fineza y armonia, que nos lleva a pensar que ha retornado el tiempo de la edad media.

Quiero señalar que Marcelo tuvo un maravilloso encuentro que cambio su vida y su manera de ver la vida, incluyendo su manera de escribir, ya que tuvo la fortuna no solo de vivir un tiempo en Italia, sino de conocer y tener el privilegio de ser alumno del reconocido poeta y escritor; David María Turoldo.  Considero que la historia de amor que nos comparte y las tres poesías; Monarca pluvial, Dulce condena y Alma mía, son un gran honor recibido para Factor Feliz, no sólo porque Marcelo es un gran escritor y poeta, sin por la gentileza que ha tenido al colaborar con nuestro sitio que desde sus inicios se ha presentado como un espacio abierto de psicología, pero sin duda también un lugar que difunde la cultura y el arte.

Marcelo representa la esencia del pueblo chileno, la cual es similar a la de México, en si a la cultura hispanoamericana. Marcelo nos hablará con mayor conocimiento en otras publicaciones de Factor Feliz acerca de su tierra, de su vida y de su obra.

Esta noche

Esta noche, en tus otoños,

me empeño en nacientes primaveras escribiendo ilusiones, que no viviré.

Debes saber que pronto regresaré, pues la terrible e infamante sed,…

llenas de preguntas sobre quien soy, me llevan a ti,

ellas me conducen a tus besos,

Dime si los pájaros aun vuelan,

si el agua corre sin la premura,

rumbo al abrazo del mar, como yo a ti.

Dime, si podré hablarle en el simbolismo arcano a tu piel,

pues en ella siempre habité.

Pronto volveré y me hablarás de nosotros.

 

 Alma mía

 Ahora contemplo el árbol, seco, sin esperanzas, sin vida,

estancados como estampillas, como panal lleno de gas de agua

¿Cuántos centuriones mortales han parido mi alma?

Para el universo solo han sido algunos segundos,

de ráfagas de guitara quebrada.

Y me pregunto con la sombra de la duda instalada en la comisura de mi boca,

mientras escapa el beso delirante

¿Es posible añorar, el silencio de tu silencio?

 

Una Dulce Condena

Desde el futuro, regresan a mi en azules vertientes el sagrado misterio de su revelación.

En arcanos mayores, que con sutil indiferencia tejen las Moiras un destino causal,

y aunque a mis ojos les fue concedido el don de verte,

en las terribles nieblas que te rodean, no puedo aun alcanzar a tan preciada gema.

¿Cómo decirte quién soy?

Si en ello está mi condena.

Solo una flama de esperanza sería aquella que consume hasta mi alma,

si solo una vez invocara tu nombre en amorosa reflexión.

Y aunque esa condena,

sea aquella que arrancará hasta el último suspiro de infames llamas,

diré tu nombre en mi secreta prisión,

sea así que pueda alcanzar solo una vez,

esos labios que consuman tal devoción.