“Entendí la cualidad de eternidad que tiene el amor”

Hace tiempo vi en el noticiero de la tv (2006) una entrevista que le hicieron a Lenny Quintana. Ella era esposa del montañista Alfonso de la Parra. Este montañista mexicano durante su última incursión en este arriesgado deporte extremo logro llegar a la cima del Himalaya. Lo cual había sido una de las hazañas más significativas tanto para Alfonso como para su familia, amigos y México mismo. Sin duda una maravillosa ocasión para celebrar. Después de aquello, emprendió el regreso a casa al haber logrado su sueño, pero ya no volvió. Ese día de la entrevista a Lenny se había cumplido un mes de haberse iniciado los trabajos del rescate de los montañistas no encontrándose en todo ese tiempo sus cuerpos, por lo que se declaro su muerte. Lo que me llamo la atención de esta conversación fue que Lenny dijo que la muerte no existía. Cabe aclarar que lo dijo en referencia al amor ó ¿acaso el amor desaparece con la muerte? Aunque el cuerpo de su esposo ya no estaba su amor permanecía allí con ella y con sus hijos. La percibí como una persona honesta, inteligente y sencilla. Me conmovió mucho lo que dijo. Me dejo perpleja y en reflexión cada una de sus palabras.

El Himalaya… evoca en mí la imagen de Alfonso de la Parra en la búsqueda de una ilusión, de su último sueño. En algunos perfumistas franceses, su meta al subir esta montaña es encontrar especies de flores raras para obtener los aromas más inimaginables que la humanidad haya conocido y crear así el perfume más sublime y misterioso nunca antes creado. A mi… me convoca a recordar un encuentro de amor en medio de un llamado a la esperanza que me hacía Dios. Alguna vez pensé en buscar a Dios yendo a esa famosa montaña. Pensé encontrarlo al lograr mis sueños ó al hacer un gran descubrimiento… Le llamo mí amado Príncipe de Paz. Su nombre es Jesús. Vino a mi cuando no lo esperaba, ¡me sorprendió en verdad! No tuve que subir esa gran montaña, no tuve que lograr ningún sueño. Tampoco tuve que hacer ningún descubrimiento. Este encuentro de amor transformó toda mi vida por entero. Y La seguirá transformando.

 Mi llamado a la esperanza[1] se convirtió en un encuentro de su cercanía cada día, de conocer su alma, su ser. Un día de esos en que buscaba su presencia le pregunte: “¿qué es el amor?”. ¡Vaya pregunta que le hice! Ya que no imagine que me llevaría años y vivencias aprender en la escuela de la vida, teniendo como maestro al más grande de los maestros del amor; Jesucristo[i]. Ha sido un proceso de conocimiento que ha cambiado mi manera de pensar por ende mi forma de sentir y actuar. Una de esas respuestas fue: “el amor es lo opuesto a la muerte” .-La muerte no existe- dijo Lenny ¿Qué es la muerte?[ii] ¿Por qué tenemos que morir?[iii] ¿Para que existe la muerte, tiene algún sentido? ¿Por qué mueren las personas que amamos? De estas últimas dos preguntas al concluir ésta reflexión expondré lo que mi Dios me contestó en su palabra.

Escuche en alguna ocasión decir a el Dr. en Teología Armando Alducin que la muerte es la separación del espíritu- alma del cuerpo. Nefesh es la palabra hebrea que significa alma y en el griego es pneuma[2]. La medicina dice que la muerte es cuando el corazón deja de latir. También podemos saber de la muerte a través de lo que no es. Esta forma de llegar a conocer algo es uno de los métodos que usa la filosofía. Es interesante que la mayoría diríamos que lo opuesto a la muerte es la vida, pero en sus raíces etimológicas, lo que verdaderamente es contrario es el-“amor”, ya que este significa: “sin muerte”. Comprendí entonces que la muerte no existe cuando las personas se aman… “entendí la cualidad de eternidad que tiene el amor…” Entonces ¿qué es lo que nos causa tanto dolor acerca de la muerte? Una de esas cosas es la separación de nuestros seres queridos ó cercanos. Esto inevitablemente me recuerda a mi amado padre. Cuando él estaba en el hospital sumamente grave debido al cáncer. Inclusive los médicos ya lo habían desahuciado. Habían pronosticado que viviría acaso 6 meses. En unos días lo operarían para tratar de hacer algo por él.

 Me encontraba en uno de los momentos más duro de mi vida en ese tiempo ya que un negocio familiar que teníamos había quebrado. Y no solo eso, por malos entendidos y en parte por una actitud inmadura y de soberbia de mi parte mi familia se había alejado de mi… sin trabajo, sin dinero, sin el apoyo de mi familia y mi padre muriendo en un hospital de seguridad social. Ante este panorama tan difícil parecía como si tuviera que subir el Himalaya en verdad, sin entrenamiento y equipo. Peor aún sin ningún propósito. Sentí tal desesperación, dolor y frustración que solo me quedo por hacer una sola cosa; de hecho la más importante en mi vida, la cual recordaré día a día en mi camino a la eternidad: “refugiarme en mi fe en Jesús mi fuente de consuelo y esperanza”[3]. Escuche que cuando una persona estaba pasando por momentos de gran adversidad era la oportunidad de Dios para hacerse presente en su vida y ayudarle[4].

…Solo le pedía a mi Dios una cosa. Que me diera la oportunidad de volver a ver a mi padre, mirar sus ojos, abrazarlo y decirle cuanto lo quería. Despedirme de él antes de que muriera. Desde ese momento él intervino, las cosas comenzaron a cambiar a mi favor con su gracia. Fue entonces que aparecieron de la nada amistades que me brindaron apoyo cuando más lo necesitaba. Sin duda eran un regalo de amor de la vida, de mi amado Jesús… Amigos entrañables, amigos para siempre. Ya habían pasado dos largas semanas desde entonces por lo que no había podido ir a ver a mi amado padre, hasta que un día mi familia dejo aún lado todo mal entendido. Una vez más me ayudaron. Fueron a buscarme llevando en sus manos para mí una carta de mi padre que apenas si pudo escribir. En ella me pedía que lo fuera a ver… fue la última carta que me escribió. Que aún conservo.

Por fin pude ir a ver a mi papi. Cuando llegue lo salude. Al verme entrar sus ojos se llenaron de lágrimas. Brillaban con tal intensidad que parecía iluminarse todo a nuestro alrededor. Me acerque, abrace su casi inexistente cuerpo consumido por esa enfermedad. Acaricie su pelo. No hubo palabras por mucho rato, solo miradas y caricias mientras la paz y la serenidad nos inundaban. Después vinieron las explicaciones de mi ausencia. No parábamos de derramar lágrimas todo el tiempo. En Mi mente yo me preguntaba: “¿qué era lo que podía hacer por mi padre para mitigar su dolor? ¿Qué podía decirle en esos momentos de su vida en que al parecer podía de un momento a otro partir a la eternidad?”. Recordé que era lo que a mi padre y a mí nos había unido desde que yo era pequeña… un acto puro de amor… me leía y conversábamos. Ahora era mi tiempo de acercarme a él de manera en que él lo había hecho conmigo. Le leí el salmo 8 que ese día me toco leer en mi tiempo con Dios en esa mañana. Lo hice aún sabiendo que él no creía en Dios. Hacía mucho tiempo que se decía ateo. Fue tal lo sobrenatural del amor que al ir pronunciando cada uno de los versos de esa poesía el tiempo se detuvo. Fue esa clase de instante de eternidad del que está compuesto el tiempo sin tiempo, en un lugar sin lugar, en el alma del universo unido a nuestras almas… tan especial que en este mismo momento en que escribo evoco esos recuerdos que me llenan de amor. Me hacen traer a la memoria los sueños que teníamos, las cosas que nos gustaba hacer, la forma en que nos comunicábamos, incluso desarrollamos nuestro propio lenguaje que no requería de palabras…  y hasta ese momento la presencia de Dios en la vida de mi padre. Por fin los tres juntos… Así es el poder del amor del Dios de mi alegría, el único y sabio Dios.

 “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tu formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?” salmo 8:3-4

Después que termine de leerle el salmo. Quedo en completo silencio, sollozaba… después de un rato me dijo con lágrimas en los ojos… -hija, como quisiera creer como tú crees… pero hay algo, como un escudo que me impide poder hacerlo-. No recuerdo que más ocurrió ó que le dije… Esto que él había dicho mostraba que había nacido la esperanza en su corazón. Esa que solo viene del Eterno y misericordioso Dios. Eso era lo más valioso que yo podía compartir con él, que le podía dar. Palabras vivas que producían esperanza[5]. Supe con certeza que cuando hay mucho dolor la medicina es el consuelo. La esperanza en un Dios amoroso y Eterno, es el mayor consuelo que puede existir en la vida.

Los sueños… aunque Lenny no menciono durante la entrevista explícitamente acerca de los sueños, implícitamente en este relato aparecen. Alfonso de la Parra había logrado llegar a la cima del Himalaya. Los sueños que llegamos a realizar, son sin duda resultado del amor con el cual nuestros seres queridos y cercanos a nuestro corazón, nos brindan, caminando palmo a palmo junto a nosotros, hasta llegar a una meta. No estamos solos cuando llegamos a la cumbre, a la cima de la montaña si hemos sembrado amor en nuestra familia, en nuestros amigos. Tampoco lo estaremos cuando sea el tiempo de partir a un viaje sin retorno,  a la eternidad. ¿Y Después de la muerte que nos espera?

Al final de su vida mi padre no pudo cumplir algunos de sus sueños. Ahora que lo pienso sé que mi Dios hará que se cumplan aunque él ya no esté aquí.  Después de la penúltima vez que vi a mi papá, la cual describí brevemente, vivió una semana más. Dos días antes de la operación que le iban a hacer entro una doctora al cuarto del hospital donde estaba mi papá. Le preguntó si saldría bien de esta intervención. A lo que ella le contesto con crueldad que no tenía esperanza de vida. Esto lo impacto gravemente en su estado al grado de que le dio un infarto al corazón. Me llamaron por teléfono para verle. Esa mañana mi padre tenía listo el corazón. Le entrego su vida a Cristo en medio de la agonía[6]. Después de esto se recupero brevemente. Dios le concedió algunas horas más de vida. Le cumplió algunos de sus sueños. Por la noche partió con el Señor. Alcanzó por su gracia la salvación.

“Y El almendro florecerá…”[7] Y las personas seguirán naciendo y muriendo. Y Algunos habrán realizado sus sueños, como Alfonso de la Parra. Algunos otros habrán subido el Himalaya haciendo el descubrimiento de una clase de orquídea de belleza exuberante única en todo el mundo. Nunca antes conocida que ha vivido 100 años. Respirará su aroma excelso, exótico, más que embriagante…  le llevará al éxtasis. Entonces se olvidara de querer “atrapar su esencia” y analizar científicamente su composición. Le contemplará con asombro y serenidad en el corazón, ya que no hay mayor placer que el deseo cumplido.  Otros en cambio habrán muerto sin sueños y sin esperanza en una fría madrugada afuera en una esquina en la acera de la calle… Pero todo ser humano sin importar lo que haya sido, lo que haya tenido, lo que haya logrado ó lo que haya hecho ó no haya hecho con la vida que el Eterno Creador le otorgó temporalmente en esta tierra, “morirá”[8]… y en un instante se encontrará con el Rey y Juez del universo[9].

 La muerte en Cristo para los que le aman es un encuentro de amor. En éste enjugará cada una de sus lágrimas[10]… Es también la final batalla y victoria[11] y una liberación de éste mundo, de las cadenas de la maldad, del pecado[12]. Es el cumplimiento del destino final del alma humana que regresa a casa, al corazón de nuestro amoroso Aba Padre. Un retorno a su presencia en el tiempo eterno. ¿Por qué mueren las personas que amamos? Para que todos sepan que con la muerte no acaba todo. Que existe la  eternidad. Que la  vida tiene un propósito. Que su vida es como “una carta escrita por Cristo mismo y entregada por nosotros; una carta que no ha sido escrita con tinta, sino con el Espíritu del Dios viviente; una carta que no ha sido grabada en tablas de piedra. Sino en corazones humanos (2 Cor. 3:3).  Finalmente diré como Leny: “La muerte no existe”. El amor de mi padre vivirá en mí corazón mientras tenga vida. Ya  que el amor es eterno sé con certeza que él también me estará esperando con los brazos abiertos para abrazarme más allá del sol.

“Prepárate para encontrarte con tu Dios”

Amos 4:12

 Notas:

[1] Efesios 1:18b

[2] La primera función del alma es la de dar vida al cuerpo, y como la respiración es el signo principal de la vida física, de ahí que en hebreo, como en la mayoría de las lenguas, se designe con términos que se relacionan más ó menos con la imagen del aliento. [Vila. Escuain (1985). Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado. Edit. Clie. Barcelona, España. Pág. 41].

[3] Salmo 119: 52b, Salmo 119: 49-50

[4] Salmo 37: 3-7

[5] Romanos 10:17

[6] “Y esta es la vida eterna que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quién has enviado”. Juna 17:3

[7] Eclesiastés 12:5b En hebreo, tanto el árbol como el fruto reciben el mismo nombre (shaked). Se derva de una raíz que significa “apresurarse”, y que se ajusta mucho a su naturaleza, porque es el primer árbol en florecer, como precursor de la primavera. Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado. Edit. Clie. Barcelona, España. Pág. 43].

[8] Eclesiastés 12:7 [Según la doctrina corriente del AT, el hombre recibe el espíritu o aliento de vida en forma provisoria (Gn 2:7; 6:3). Una vez que se cumplen los contados días de su existencia, Dios toma para si ese aliento vital, y todo el hombre vuelve al polvo del que había sido formado (Gn 3:19; Sal 104:29; Ec 3:20-21). El autor del Eclesiastés compartía esa creencia, ya que él escribió su libro antes que surgiera en Israel la fe en la resurrección de los muertos (Dn 12:1-2). Véase también Sal 6:5).  Comentario –referencia de la versión DHH Amigos por siempre. Sociedades Bíblicas Unidas. pág. 640 inciso d (Ec 12:7)].

[9] Hebreos 9:27; Juan 3:16-19

[10] Isaías 25:8; Apocalipsis 7:17; 21:4; Salmo 56:8b ; 84:6

[11] 1Corintios 15: 54-55

[12] Romanos 8:30 Es en el último proceso de la salvación” la glorificación”,  cuando el cuerpo se  separa del espíritu y alma. El ser humanos se libera. ¿De qué? del mal, del pecado, ó capacidad autodestructiva que fue confinada en su cuerpo. (Romanos 8: 3). Para mayor conocimiento estudiar profundamente la carta a los romanos. Se les recomienda adquirir la serie del estudio de Romanos, disponible en  mp3 impartida por el Dr. En Teología Armando Alducin.

[i] … que Cristo viva en sus corazones por la fe, y que el amor sea la raíz y el fundamento de sus vidas. Y que así puedan comprender con todo el pueblo santo cuan ancho, largo, alto y profundo es el amor de Cristo. Pido, pues, que conozcan ese amor, que es mucho más grande que todo cuanto podemos conocer, pare que lleguen a colmarse de la plenitud total de Dios. (Efesios 3: 17-19)

[ii]  Hebreos 9:27

[iii] Romanos 5:12