Presentación del artículo

Como editora de Factor Feliz tengo el honor de presentar a una gran amiga que nos hablará en su artículo acerca de como se vive el amor en occidente. Ella es la Dra. Adriana Ulloa. Además de ser una gran escritora, comunicóloga, socióloga y a pesar de sus saberes Adrina sigue conservando una alma sencilla, cálida y sincera.

Quien mejor que ella misma para hablar acerca de éste  interesante artículo que hoy publicamos en nuestra sección “Vivir en pareja”.

-“Este ensayo lo publique en 2007 basada en mi tesis doctoral que “defendí” por fin en 2010. Pienso que el amor es posible en la elección que haga más felices a los seres humanos y, con esta convicción, he dedicado más de diez años a estudiar el amor, para concluir personalmente que el Amor a Dios y el amor a una misma son la base para vivir el amor de pareja en armonía”.- Adriana Ulloa

De manera personal quiero comentar que cuando leí éste artículo me encanto por varias razones; la primera es que refleja de manera precisa y concisa las vivencias de los procesos amorosos en occidente. La segunda es que no nos deja solo con el análisis sino también hace propuestas de cambio social que nos animan a buscar otros caminos que nos lleven a vivir procesos amorosos realmente amorosos, valga la redundancia y es que a través de los años se ha perdido incluso el significado de lo que verdaderamente es el amor. Lacan había señalado ya en un análisis acerca del texto de Freud “más allá del principio del placer” que el fin de las pasiones llevaba inexorablemente al hombre a la muerte y a la mujer a la locura. Ligada a esta triste premisa un día una maestra de psicoanálisis  me comento que las pasiones eran destructivas. Pero… hay un “pero” afortunadamente, y es cuando aparece en estos tiempos de cambios sociales etc., el chileno Humberto Maturana señalando que no todas las relaciones están enmarcadas en el “control (poder) de unos sobre otros” que existen relaciones humanas desde “el amar”, entendido éste como un concepto social. Así que como señala nuestra autora, hay esperanza en el amor, en que sea vivenciado en otras formas, de otras maneras, para lo cual hay que re-construir y re-significar lo que estamos entendiendo por “amor” con una visión desde el amar, como un proceso natural y deseable para el ser humano, rescatando los aspectos que construyan el “como” deseamos “vivir el amor” a través de nuestra mínima expresión de “poder o empoderamiento” como ya lo ha señalado Marcela Lagarde (Antropóloga mexicana), “nuestra capacidad de decidir”, a lo que añado, “la vida que deseamos vivir”.

LOS LEGADOS DEL AMOR ROMÁNTICO Y SÁDICO EN LAS ILUSIONES DE PAREJA OCCIDENTALES: EL AMOR-PASIÓN COMO PREDESTINACIÓN O FATALIDAD ELEGIDA

María Adriana Ulloa Hernández (1)“El amor feliz no tiene historia… Lo que exalta el lirismo occidental no es el placer de los sentidos ni la paz fecunda de la pareja… Es menos amor colmado que la pasión de amor. Y pasión significa sufrimiento… desgracia”.
Denis de Rougemont

La poesía lírica y la idea del amor como forma de vida, han sido dos herencias culturales y civilizatorias occidentales contundentes de la Europa del siglo XII en las cuales, a decir de Denis de Rougemont, una “conciencia sádica” (que quiere maltratar al otro) se ve contrapuesta a una “conciencia romántica” (que se flagela en pos del otro.) Para este autor (Rougemont, 1956: 197), una posible herencia del amor provenzal, es la idea moderna y romántica de que la pasión constituye una nobleza moral superior al plano de las leyes y de las costumbres.

Los deseos románticos de cada sujeto, lo conducen a enajenarse en el otro y, como diría Octavio Paz (1993), sucede confundiendo las posibilidades finitas del aquí, con el “más allá” y del ahora, con el “siempre”. La vivencia extrema de la alteridad y la enajenación puede alejar al individuo de una plena autonomía. Mientras que en el caso de un ejercicio extremo de la libertad, el otro puede ser comprendido como oposición a derribar y someter; una enajenación plena, es sinónimo del compromiso máximo, y requiere la pérdida del propio ser en pos de la pareja.

La historia del amor tiende a ser inseparable de la historia de la sujeción y libertad humanos. Entre ambos extremos del ser, el sometimiento a la voluntad del otro, entendieron Laing (1960) y Cooper (1971), responde a mecanismos de fusión del yo en el yo del otro, y tiene como consecuencia la renuncia a toda posible independencia. Manuel Martín Serrano (2001) se basa en San Agustín para explicar la dualidad del sujeto, en tanto que alienable y alienado y, en J. J. Rousseau, para referir que aquello que nos enajena, también nos humaniza. Para el sociólogo, el hombre se siente doble y realmente lo es, pues pervive una dicotomía entre sus apetitos sensibles (o instintividad), y su intelecto (o su moral.)

En su tratado literario y genealógico, Denis de Rougemont (1956), expresó que como resultado de la transformación burguesa del romanticismo, éste ha pasado a dominar las ideologías y costumbres sociales occidentales de la actualidad. Hay una necesidad social de reinventar el destino de la pasión del amor, entre otras expresiones humanas, negando y superando su dependencia de los dogmas y de la institución eclesiástica del casamiento. El amor romántico, a decir de Rougemont, fue pervertido en sus directrices iniciales por el matrimonio instituido, y “vendido socialmente” por la burguesía como garantía de perpetuación del amor-pasión. El grupo burgués, como dueño y portador de palabras y estereotipos transmisibles en sus producciones culturales, transmutó el significado del amor romántico, al trasponer sus fines a los del matrimonio eclesiástico.

Un individuo decide lo que da y lo que recibe con una pareja de acuerdo con unas improntas personales, pero siempre están inscritas en determinadas reglas sociales del compromiso y el distanciamiento. Las reglas del parentesco y del matrimonio, y sus modalidades históricas y geográficas en distintas sociedades tradicionales, para Lévi-Strauss (1983), en medio de su diversidad, albergan un número reducido de estructuras. Y estas reglas pueden ser equiparadas a aquellas que rigen a la endogamia y a la exogamia, es decir, las reglas de pertenencia y exclusión de los grupos, los órdenes sociales en los que se puede aspirar a casarse con miembros de uno u otro grupo social.

Hipotéticamente, cada sujeto es capaz de establecer los linderos de su pertenencia al otro y del otro, en una vinculación amorosa. Preguntándose por ejemplo, a partir de sus comportamientos y formas de relación cotidiana: “¿Estás en mí o fuera de mí? ¿Estás a mi favor o en mi contra? ¿Aceptamos los principios familiares y sociales, o los transgredimos, o los trascendemos, o los negamos aun cuando los repitamos? ¿Nuestros deseos y proyectos de vida futura, son conservadores o innovadores, realistas o idealistas? ¿Nuestros temores acerca de nuestro futuro en común están embargados por la incertidumbre, son optimistas o pesimistas?”

Como hacedores de sus historias de vida en una relación de pareja, los sujetos pueden ser vistos como autoestructurantes de sus vinculaciones eróticas y afectivas. Así, toda pareja puede ser definida según la manera en que produce su historia de vida en común. Y el ejercicio del destino y la libertad en la pareja, según Octavio Paz (1993), es tejido por la complicidad de los amantes. Al elegirse, ambos deciden también si establecen relaciones complementarias y constructoras, o bien, contradictorias y destructivas, según las fuerzas interiores o exteriores ligadas a su autoconservación.

En El amor y Occidente, Denis de Rougemont (1956), asocia el amor romántico de Petrarca con una actitud de autoflagelación ante la vida, y lo contrapone al amor-pasión extrapunitivo y criminal, enarbolado por el Marqués de Sade. Al ser analizados los imaginarios de treinta jóvenes informantes, con base en sus historias de vida (Ulloa H. Adriana, 2007), por contraste con las aportaciones de este autor, son encontradas algunas vías de enlace de los pensamientos predominantes en un grupo de parejas que fueron entrevistadas en 2002, respecto a dicha perspectiva histórica y literaria del autor.

(1)Publicado en 2007 en las páginas 37-51 de El amor, me asusta pero me gusta, Antología de ensayos sobre el amor; México: Amarillo-Cofradía de los Imbéciles; 108 p. Correspondencia: adriana_ulloa @yahoo.com.

 

La libertad: el desapego callado a la responsabilidad

A la manera en que podría pronunciar un amante, es posible deconstruir algunas relaciones entre el saber, el poder y la comunicación en las parejas a partir de la frase “Tú puedes todo sobre mí pero yo lo sé todo sobre ti”, de Roland Barthes (1977) en Fragmentos de un discurso amoroso. Como resumen de su narración, el grupo de los jóvenes (hombres mayoritariamente, mas también mujeres en menor número) habría podido presumir, “yo lo sé y lo puedo todo sobre ella, incluida su vida sexual”. Ejemplifico con uno de los discursos obtenidos (Ulloa H. Adriana, 2007), equiparable con la canción de preferencia de Federico, de la pareja 10, con la que se identificaba en lo personal:

“Yo que fui del amor ave de paso / yo que fui mariposa de mil flores, / hoy siento la nostalgia de tus brazos, / de aquellos tus ojazos, de aquellos tus amores. / Ni cadenas ni lágrimas me ataron, / mas hoy quiero la calma y el sosiego, / perdona mi tardanza, te lo ruego, / perdona al andariego que hoy te ofrece el corazón”.

El andariego, Álvaro Carrillo (1969) [Para Federico definía su noviazgo de siete años]
Federico, 27 años, licenciado en Ciencias Políticas y Administración: Es horrible de conocer, pero la infidelidad es como un crimen, la haces una vez y las demás son más fáciles. No sé si vienen solas, pero tienes necesidad de conocer más gente. No te sientes satisfecho y esa necesidad se abre. Una especie de redención y de mis gustos, de mi ello. Mi yo se complicaba y mi super yo me tiraba duro, hasta que te daña, hasta que te das cuenta de la carga de conciencia te ha dañado. Como el criminal que se ve la herida, te das cuenta de lo caro que puede costar.

El compromiso: la norma de decirse todo, culpar/se y depender de la pareja

La tendencia observada en el grupo femenino, por su parte, fue la de asentir que su pareja lo sabe todo sobre ellas. Aunque la paráfrasis de Roland Barthes encontraría su modificación en “Tú conoces todo sobre mi vida y la controlas, pero yo sé lo que tú necesitas y puedo sacrificarme para que lo logres y salgamos adelante”. Ernestina, integrante de la primera pareja entrevistada, citó Antología de Shakira como su canción favorita, la cual emblematizaba su sentir:

“Para amarte necesito una razón / y es difícil creer / que no exista una más que este amor/ sobra tanto dentro este corazón / y a pesar de que dicen / que los años son sabios / todavía se siente el dolor / porque todo tiempo que pasé junto a ti / dejó tejido su hilo dentro de mí… porque aún no sé cómo vivir sin tu amor…”
Antología, Shakira [Canción favorita de Ernestina, que definía su sentir hacia su pareja, con tres años de noviazgo]

Ernestina, 19 años, había abandonado la Preparatoria: Esto va a terminar. Si le descubro una infidelidad más, ya no lo soportaría. Él me apoyó mucho con lo que me pasó, y a nadie más se lo he contado. H. no es violento como mi primera pareja… pero no lo perdonaré más.

Las respuestas convencionales, desde un contrato sociosexual(2)  reconocido como sumetimiento, podrían ser: “Si estoy comprometido/a contigo, estás dentro de mí; si soy independiente, estás fuera de mí”. Centrada en las actitudes comunicativas(3), la respuesta podría ser: “Si estoy a tu favor tengo actitudes beligerantes, culpándote o culpándome de nuestros motivos de conflicto”; si estoy contra ti, mantengo una incomunicación sobre mi espacio personal y una impunidad sobre mis comportamientos fuera de ti”.

Si te quiere, te hará sufrir. De la dominación a la sumisión de la pareja

En México, se podría decir, que mientras los varones están educados sentimentalmente para prometer e in/cumplir o cambiar sus promesas, las mujeres han sido acostumbradas a comprometerse en todo momento. En algunos sectores de jóvenes es señalada la presencia de un “idolatramiento” de la bondad de la inexperiencia sexual femenina. Adecuarse a la pareja, subordinarse a ella, autosacrificarse en pos de la relación, constituye todavía un camino para ganar un poco del otro en condiciones sociales en las que con dificultad se puede lograr una relación equitativa. El juego amoroso parece manipulado socialmente por repeticiones de unos roles en distintas escalas, en contratos culturales en los que unas se inclinan por actuar “a ciegas” y otros “a escondidas”. Ellas tendientes a creer en un dictado del amor romántico, habituadas a que la relación con casi cualquier varón costará una inversión personal muy grande en su crecimiento, en su madurez, en su “mejoramiento” para beneficio mutuo solo a largo plazo.

(2)El contrato sociosexual es concebido (Ulloa H. Adriana, 2007), a partir de Carole Pateman (1988), como la manera en que cada uno/a en la pareja objetiva su posición y sus habilidades de apoderamiento personal, en los comportamientos y las decisiones que tocan a su espacio personal y su intimidad. Éstos se expresan en unos contratos de relación de: desposeimiento, sometimiento o consensuados, según unos principios personales de libertad o compromiso.
(3)Una actitud comunicativa es referida (Ulloa H. Adriana, 2007), con base en Jürgen Habermas (1984 y 1987) como la predisposición, motivación y habilidad de cada uno en la pareja respecto a los entendimientos y/o malentendidos, acuerdos y desacuerdos, mantenidos en su convivencia. Depende de unas atribuciones mutuas de verdad, rectitud y verosimilitud en sus maneras de comunicarse. Y son diferenciadas actitudes comunicativas punitivas y no punitivas respecto a sí mismo/a y respecto a la pareja, así como de “sobrecomunicación” o “subcomunicación”, en razón de acuerdos y desacuerdos de autoestima y logro, o de objeto y situación.

 

Del Romanticismo al Sadismo, de la mujer comprometida al hombre libre

Para Denis de Rougemont, la creación literaria del amor trovadoresco de Tristán, en la actualidad, ha trasmutado el autosacrificio por el otro, y es donjuanesco, el hombre de los amores múltiples y simultáneos. Es –agrego- el de la monogamia sucesiva o el de la poligamia estable, que incluye el amor inaccesible del pasado o el futuro, pero no espera ni recuerda “sufrimientos voluptuosos”, sino solamente su gozo inmediato.

El amor masculino de la inmediatez, del deseo que no puede resistirse, exento de esperas y recuerdos, es representado por Don Juan. El donjuanismo vería su paralelo en el amor de Eros, pagano, desesperado, inmerso en la miseria que puede ser liberada por Ágape, la castidad enaltecida y comparable al amor trovadoresco. Del romanticismo al donjuanismo, del concepto del amor cortés (la fusión de los seres), al amor-objeto del sadismo, hay un paralelismo entre la oposición del amor sádico y romántico, y la del amor libre y comprometido localizado como tendencia entre las quince parejas de jóvenes entrevistadas en la Ciudad de México (Ulloa H. Adriana, 2007).

Aunque Rougemont no señala como privativo de hombres o mujeres el sadismo y el romanticismo, sí que es posible distinguirlos como patrones masculinos y femeninos. Según ilustro comparativamente en el siguiente esquema, estas orientaciones histórico-literarias mantienen un isomorfismo respecto a los conceptos amorosos prevalecientes en los/as jóvenes (Ulloa H. Adriana: 2007.) Como si de una secuencia se tratara respecto a ellos, leído de izquierda a derecha, pueden leerse las determinaciones de las concepciones amorosas tendientes a Eros y Ágape, cuyas características respectivas de afán destructivo y autodestructivo, se asemejan a las formas de relación de una libertad distanciada y dominante masculina, y un compromiso alienado y sumiso femenino. Asimismo, las representaciones opuestas por género entre ellos y ellas, pueden asemejarse con el romanticismo y el sadismo reproducidos en las sociedades occidentales.

 

 Las im/posibilidades de un compromiso libre, o una libertad comprometida

“El amor es una apuesta insensata,
por la libertad. No la mía, la ajena”.
Octavio Paz

 

Unas tendencias poligámicas del hombre, como género y no como especie, así afirmadas por Lévi-Strauss (1983), se oponen a la prescripción de una monogamia institucionalizada en las sociedades de alta competencia económica y sexual, con consecuentes estados de desequilibrio y tensión social. No obstante, la libertad masculina, haciendo mención de lo que Denis de Rougemont (1956: 214) define como la naturaleza adquirida de los modernos, consiste en agotar la experiencia de los sentidos y las situaciones en pos de la satisfacción, sin someterse a juicios, a mediciones ni a culpas.

En resumen, Ágape y Eros y, consecuentemente, Tristán y Don Juan, masoquismo y sadismo, en fin, pasión “infinita” en el casamiento y pasión libre y finita, son condenados desde su origen a convivir como expresiones culturales contradictorias. Denis de Rougemont explica la inutilidad del intento autoritario por reducir la ley de uno a la del otro. Esta antinomia Amor Libertad // Amor Compromiso, como una herencia de la cultura occidental (Amor Sádico // Amor Romántico), es válida al menos en las representaciones del grupo de jóvenes por mí estudiado. Y se sustenta a su vez desde su nombramiento y análisis, por los binomios dominación // sumisión; extrapunición // intrapunición; incomunicación // sobrecomunicación que, entre otros estereotipos sociales, ratifican los históricamente reseñados.

Adoptar una posición de compromiso, todavía significa para algunas parejas heterosexuales, que la mujer sea la única comprometida, “jugando con todas sus fichas” frente a una gran interrogante masculina. Y en ellos, los “para-compromisos” (Erving Goffman, 1981: 294), ayudan a vestir de disimulo, como si de un traje se tratara, el compromiso adecuado a la petición femenina, que encubre las trasgresiones de sus promesas. Las situaciones amorosas, transformadas y reconvertidas narrativamente en las  historias de vida, no son tan distintas respecto a las historias que reproducen boleros, telenovelas y hasta filmes mexicanos. El amor servil y esperanzado femenino, se opone al amor dominante y desolado masculino. Desde que el apego a la libertad personal tiene historia, existe el temor a perderla y, por añadidura, el miedo al compromiso. Libertad y compromiso parecen contradecirse en su origen; masculinidad, temeridad y libertad elegida se expresan en los jóvenes que pronuncian así su individualidad con la pareja; mientras que feminidad y compromiso fatalmente “predestinado”, se traslucen en el discurso opuesto. Y sin embargo, hombres como mujeres, nos resistimos tanto a “dejar morir” una relación de pareja, que preferimos morir de a poquito en su presencia, que pronunciar como el proverbio hindú: “Sé que volverás, pero más hermoso y en otro plumaje”.

Ficciones de género(4) , innovación o reiteración del imaginario social

En términos de Sigmund Freud (1969), la libertad de elegir la pareja más próxima al ser natural que al cultural o viceversa, más cercana al plano de la norma que del placer, puede depender de una preferencia de “acceder” a una persona por la vía intelectual y/o económica (regida por un principio de realidad.) O bien, puede regirse por una propensión a “seguir” las preferencias instintivas del principio del placer. Freud caracterizó la elección de la pareja en relación con estas dos posibles preferencias de la psiqué humana. Entre el ser natural y el ser cultural –según un principio de placer o de realidad respectivos-, habría que hablar de un ser espiritual, no necesariamente ceñido a alguno de los dos anteriores y que, muy probablemente, ha sido atendido de manera marginal.

En el análisis de las historias de los jóvenes entrevistados (Ulloa H. A., 2007), llama la atención que el grupo de los varones define su relación con una palabra tal (esperanza, cambio, suerte, razón y libertad, apoyo; amante, eclipse, dualidad, pasión/sexo, según dijeron), que remite a un “amor material”, ligado al logro personal y/o al erotismo. Las mujeres, por su parte, se remitieron a un “amor ideal” cumplido o por cumplir, según una gratificación o in/satisfacción emocional: necesidad, madurez / inmadurez, comprensión, cariño, espiritualidad, refugio, confidente, un nuevo ser, su vida, un complemento; o bien una circunstancia de la relación: intensa / tranquila, conflictiva / gratificante, adaptable, incierta / decisiva. Un posible patrón innovador de las relaciones humanas, en vez de volcarse cada vez de manera más dependiente y demandante de él/ella, para Denis de Rougemont (1956: 326), implicaría adoptar un contento resignado, o la autosatisfacción de sublimar la pasión por el otro a través de la creación individual, y centrándose en los dividendos del ego, gracias a una “indiferencia casi divina” (misericorde, armónica) del sujeto amado.

“En la analogía de la fe se puede entonces concebir que la pasión, nacida del mortal deseo de unión mística, no podría ser superada y cumplida más que por el encuentro de otro, por la admisión de su vida extranjera, de su persona para siempre distinta pero que ofrece una alianza sin fin, que inicia un diálogo verdadero”. Denis de Rougemont, Amor y occidente, pp. 327.

Por encima de las limitaciones socioculturales, la socialización de modelos alternativos de pareja, dependería de ficciones de género que trascendieran el afán de un patrimonio económico y una familia para toda la vida. No obstante, el discurso innovador de los jóvenes, un “amor utópico” situado en la posibilidad de compartir un proyecto altruista y/o cultural con la pareja, o de vivir con ella en el extranjero, se limita a un grupo “de vanguardia” entre las clases socioeconómicas más pudientes y preparadas, o a uno “marginal”, entre las clases medias, conscientes de las necesidades sociales a atender, mas, escépticas.

(4) O dramaturgias de género, son definidas (Ulloa H. Adriana, 2007) como subjetivaciones de sí y del otro acerca de: su trayectoria de vida en común, sus experiencias reales y ficticias; sus ideales y expectativas. Anticipaciones que tienden a ser re/constructivas o destructivas del futuro de la relación. Pueden ser clasificadas como: retrospectivas o prospectivas, positivas o negativas, de carácter femenino o masculino, con énfasis en unas perspectivas de permanencia o de cambio de los cánones sociales sobre las relaciones amorosas, el matrimonio y la familia.

 

Bibliografía sugerida

1. BATESON Gregory, GOFMANN Erving, WATZLAWICK Paul, et. al. (1981). La nueva comunicación, edit. Kairós, Barcelona, España, 1987, 378 p.
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3. FREUD Sigmund (1969). Psicología de las masas (a), Más allá del principio del placer (1920b) y El porvenir de una ilusión (1927c), edit. Alianza, Madrid, España, 1997, 212 p.
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5. __________ (1987). Teoría de la Acción Comunicativa, tomo I, edit. Taurus, España, pp. 351-432, 517 p.
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8. MARTÍN SERRANO Manuel (2001). Seminario Síntesis epistemológicas. Psicoanálisis y comunicación, en doctorado Metodología de la Investigación en Comunicación, Sociología y Cultura, Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Sociología IV, Facultad de Ciencias de la Información, s.e.
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