Los Vínculos del Amor

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“Para evitar la intimidad, algunas personas se relacionan sexualmente (Carlos Ramírez, 2002)”.

“Las personas a lo largo de la vida establecen relaciones, algunas de ellas pueden considerarse en el rubro de lo afectivo. A estas les podemos llamar como señala Sanz (2000) “vínculos afectivos”.

lo cual es básicamente uno de las formas en que los seres humanos se comunican y expresan emociones o sentimientos. Parece que existe o se percibe una búsqueda del amor en el que muchas veces se vivencia cierta frustración o repetición de esquemas de poder en papeles de dominio y sumisión. Las dificultades que esto trae en la construcción del significado de amor, presenta dos principales problemas:

a)La falta de amor a sí mismo(a)

b)No saber dar y recibir amor en relación a los demás

“…a veces nos hacen creer que hombres y mujeres vivimos en planetas completamente opuestos, nos dividen por colores, tallas, capacidades, estilos, moda, etc. Los hombres sienten y piensan diferentes a ellas, pero ¿qué tan cierto es eso y más en las cosas del amor?, ¿tendrá el sexo ese sentimiento arrollador?, ¿el ser biológicamente hombre o mujer determinará la forma de enamorarte? Alguno(a) s, creen que las cuestiones del –corazón- y del amor son -cosas de mujeres-. El amor es un estorbo que te hace vulnerable; la entrega, las relaciones afectivas no son parte de las cualidades masculinas. Sin embargo, pese a que uno se resista al enamoramiento, éste tarde o temprano se manifiesta (Hernández, 2005).”

 En contraste con los discursos que hay para los hombres en cuanto a la asignación del rol, debe desarrollar más bien la razón, en la mujer es diferente, ya que a ella se le enseña que el amor debe ser su destino y el eje de su vida, para “dar” , “ser queridas” y “reconocidas por alguien”, “La mujer se centra en lo íntimo, en el mundo de lo privado; el varón en el terreno de lo público, de lo externo y, al contrario de la mujer, evita conectar con sus emociones, exceptuando la cólera. Tiene miedo a la intimidad afectiva. Mujeres y Varones tenemos, como subculturas, formas diferentes de vivenciar y expresar el sentimiento amoroso. Pero más allá de las apariencias, de las formas externas, e incluso de tener conciencia de ello, mujeres y varones nos parecemos bastante –con todas nuestras diferencias-, tenemos como base común, buscamos lo mismo sólo que por caminos distintos, y sin saber muy bien qué hacer para encontrar nuestro equilibrio (Sanz, 2000)”.

La forma escindida de vivenciar la experiencia amorosa ha generado dificultades para vivir el amor (dar y recibir afecto), problemas en las diferentes relaciones interpersonales (familiar, amistad, pareja), carencia y pobreza afectiva vivida con sentimientos de tristeza y cólera frente a quienes se cree que no la/lo quieren y frente a sí mismo/a como una persona no apreciada, que conlleva a la soledad, aislamiento e incapacidad para relacionarse o vincularse.

“el encuentro del hombre con la mujer, la relación amorosa tiene que ver con el deseo sexual humano y la necesidad existencial de dejar la soledad y el aislamiento, podemos notar que, sin embargo, que el que nos enamoremos es una posibilidad que nos concretiza del mismo modo para todos, pues en primera instancia “el sentido” y el “valor” que uno u otro asigne al vínculo supone coordenadas que trascienden una individualidad peculiar. Y esto pasa por el gran desprestigio del “amor sentimental” en Occidente, que con el advenimiento de las sociedades industriales estableció un reparto peculiar de vienes espirituales (Alarcón, Covarrubias, Herrera, 1991) como señala Victoria Sau: la afectividad para la mujer y la razón para el hombre, ya que se ha llegado a considerar en los discursos sobre el amor que este tiene la característica de enfermar, debilitar, trastornar y va en contra de la razón, que pone a las personas insertadas en esta vivencia fuera de la realidad, fuera del tiempo. Por lo que el hombre para ser dominante no puede y no debe participar de este tipo de vivencia que es más bien, deseable para el enemigo. Respecto al amor podemos ver que han habido dos posibilidades de vivenciarlo, uno de ellos es como un juego de estrategias para dominar o como lo menciona Alberoni (1988), como “una pretensión legitima a aspirar a la reciprocidad y a una relación de –iguales-“.

“…El amor a sí mismo/a es un aprendizaje básico. No se puede dar lo que no se tiene, ni enseñar lo que no se sabe. Ante el miedo a ser calificados equivocadamente de “narcisistas” o “egoístas”, nos hemos mantenido alienados de nuestro propio cuerpo, desconocedores de nuestros ritmos y nuestras necesidades sin saber tratarnos bien, querernos, ni respetarnos. En última instancia, amarnos significa reconocer nuestra dignidad de personas y el derecho de vivir en condiciones de dignidad, con nuestros limites, nuestra historia y nuestro ritmo de desarrollo (Sanz, 2000).”

“…Aunque la expresión del amor y la vivencia erótica nos ofrece respuestas a nuestra vida, ahora pareciera ser que se vive como un problema, no queremos atrevernos a vivir la entrega, porque el temor a equivocarnos, a elegir a la persona inadecuada es mayor. La vivencia del amor y el erotismo es elección, y a veces no queremos hacerlos por que estas elecciones parecieran ser que nos llevan a ganar o perder algo y nos vivimos con tal inseguridad, que no deseamos tomar el riesgo y utilizamos la sexualidad como una forma de control, no solo del otro, sino de mi mismo(a), de mis sentimientos, de mi sensibilidad, de mi emoción, de mi yo. Una mirada rápida nos muestra que el sexo es utilizado precisamente para evitar el compromiso y la ansiedad que provoca Eros. Para evitar la intimidad, algunas personas se relacionan sexualmente (Ramírez, 2002)”.

Extracto de la Investigación-tesis sobre Género, sexualidad y enamoraiento publicada en la UNAM MX del departamento de Salud, sexualidad y género de la FES-Iztacala. Edith Reynoso Vega ©Todos los derechos reservados 2006.