Introducción

“Somos viajeros del tiempo. El tiempo es el camino obligado, un destello de luz que nos atrapa y la vida pasa, sostenida por un extraño hilo. Camino, ¿qué hacer si no? Ciegos, mudos, sordos, hinchando y deshinchando el pecho, abriendo mucho los ojos. Que luz tan bella, el azul se desparrama sobre nuestra cabeza. Apenas rozando con la punta de los dedos el horizonte, habitando los recovecos del camino, soñando con lo que se halla más allá de la línea invisible, el límite del mundo”. Anónimo La sinuosa carretera, se proyectaba más allá de lo que la mezquina luz de la luna y el destello de faros de los cada vez más escasos vehículos podían disipar, si no hubiese sido por las señaléticas fosforescentes, quizás la travesía aburrida se hubiera transformado en una agonía, pensó en voz alta intentando construir un razonamiento que lo mantuviera alerta, adentrándose cada vez más en una gigantesca boca de lobo en que se había convertido la autopista, Fran ocasionalmente tomada la carretera 5 sur algunos días del año, que lo conducirían hasta su cabaña en las montañas entre el pueblo de San Clemente y Vilches Alto. Esta vez no había un razón precisa para realizar este viaje, solo un irrefrenable impulso casi mecánico por llegar a ese destino, ya hacía rato que el crepúsculo había extendido sus alas con esa suavidad pintoresca que...

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